El Americano
El Americano —¿En qué demonios piensa tan a fondo? —preguntó Newman.
—En un asunto que exige pensar a fondo para hacerle justicia —dijo Valentin—. Mi inconmensurable idiotez.
—¿Qué es lo que ocurre ahora?
—Lo que ocurre ahora es que vuelvo a ser un hombre, y tan necio como de costumbre. Pero estuve en un tris de tomarme a esa chica au sérieux.
—¿Se refiere a esa joven que está bajo la escalera, en una baignoire, con un vestido rosa? —dijo Newman.
—¿Se ha dado cuenta de lo luminoso que es ese rosa? —preguntó Valentin a modo de respuesta—. La hace parecer tan blanca como la leche fresca.
—Blanco o negro, como usted quiera. Pero ¿ha dejado de ir a verla?
—Ah, Dios le bendiga, no. ¿Por qué habrÃa de hacerlo? Yo he cambiado, pero ella no —dijo Valentin—. Veo que, después de todo, es una pequeña y vulgar canalla. Pero es tan divertida como siempre, y uno debe divertirse.