El Americano
El Americano —Hay varios sitios, pero supongo que el banco le parecerÃa el más aristocrático.
Valentin se echó a reÃr.
—¡Mi querido amigo, de noche todos los gatos son pardos! Cuando uno se degrada, ya no hay niveles.
Newman estuvo un minuto sin responder. Después dijo:
—Creo que descubrirá que dentro del éxito hay niveles —dijo con cierta sequedad.
Valentin se habÃa vuelto a echar hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, y arañaba el suelo con su bastón. Al fin dijo, alzando la vista:
—¿De verdad piensa que tendrÃa que hacer algo?
Newman posó la mano sobre el brazo de su amigo y le miró por un instante a través de unos párpados sagazmente entreabiertos.
—Inténtelo y verá. No da usted la talla, pero haremos la vista gorda.
—¿De verdad piensa que puedo ganar algo de dinero? Me gustarÃa saber qué se siente cuando se tiene un poco.
—Haga lo que le digo y será rico —dijo Newman—. Piénselo —y, mirándose el reloj, se preparó para reemprender su camino hacia el palco de madame de Bellegarde.