El Americano
El Americano —Palabra de honor que lo pensaré —dijo Valentin—. Iré a escuchar a Mozart otra media hora (siempre pienso mejor con música) y meditaré profundamente sobre ello.
El marqués estaba con su esposa cuando entró Newman en su palco; estaba desabrido, distante y correcto, como de costumbre; o, según apreció Newman, aún más que de costumbre.
—¿Qué le parece la ópera? —preguntó nuestro héroe—. ¿Qué opina del Don?
—Todos sabemos lo que es Mozart —dijo el marqués—; nuestras impresiones no datan de esta velada. Mozart es juventud, frescura, brillantez, facilidad; demasiada facilidad, quizá. Pero, por momentos, la interpretación es deplorablemente tosca.
—Tengo mucha curiosidad por ver cómo acaba —dijo Newman.
—Habla usted como si fuese un feuilleton en Le Figaro —observó el marqués—. Ya habrá visto esta ópera, ¿no?
—Nunca —dijo Newman—. Estoy seguro de que me acordarÃa. Doña Elvira me recuerda a madame de Cintré; no me refiero a sus circunstancias, sino a la música que canta.
—Es una matización muy fina —se rio con ligereza el marqués—. No hay muchas posibilidades, supongo, de que madame de Cintré sea traicionada.