El Americano

El Americano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡No muchas! —dijo Newman—. Pero ¿qué le acaba ocurriendo al Don?

—El diablo baja… o sube… —dijo madame de Bellegarde— y se lo lleva consigo. Supongo que Zerlina le recordará a mí.

—Me iré un rato al foyer —dijo el marqués— y le daré la oportunidad de decir que el comendador (el hombre de piedra) se parece a mí.

Y saliĂł del palco.

La pequeña marquesa observó un instante el rellano aterciopelado del balcón, y después murmuró:

—Un hombre de piedra, no; un hombre de madera.

Newman habĂ­a cogido la silla vacĂ­a de su marido. Ella no protestĂł, y entonces, sĂşbitamente, se dio la vuelta y apoyĂł su abanico plegado sobre el brazo de Newman.

—Me alegro mucho de que haya venido al palco —dijo—. Quiero pedirle un favor. Quise hacerlo el jueves, en el baile de mi suegra, pero no me dio usted ninguna oportunidad. Estaba usted de tan buen humor que pensé que quizá me concediese mi pequeño favor en aquel momento; y no es que ahora pueda decirse que parece triste. Es algo que ha de prometerme. Ahora es el momento de cogerle; una vez casado, no servirá usted para nada. ¡Venga, prométalo!

—Nunca firmo un papel sin leerlo antes —dijo Newman—. Enséñeme su documento.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker