El Americano
El Americano —El hombre, sin ninguna duda, estuvo insolente —dijo Newman—; pero si usted no hubiese regresado al palco, esto no habrÃa ocurrido.
—Vaya, ¿no ve —replicó Valentin— que el acontecimiento confirma la suma conveniencia de mi regreso al palco? Monsieur Kapp querÃa provocarme; estaba esperando su oportunidad. En casos como éste (esto es, cuando un hombre, por decirlo asÃ, está sobre aviso), hay que estar a mano para recibir la provocación. No haber vuelto habrÃa sido, sencillamente, como decirle a monsieur Stanislas Kapp: «Oh, si se va a poner usted desagradable…».
—«… Tendrá que componérselas usted solo; ¡que me aspen si le ayudo!». Decir eso sà que habrÃa sido realmente sensato. Da la impresión de que para usted el único atractivo era la perspectiva de la impertinencia de monsieur Kapp —continuó Newman—. Me dijo que no regresaba por la chica.
—Ah, no siga mencionando a esa chica —murmuró Valentin—. Es un aburrimiento.
—De todo corazón. Pero si es eso lo que piensa de ella, ¿por qué no pudo dejarla en paz?
Valentin sacudió la cabeza con una hermosa sonrisa.