El Americano
El Americano —Por favor, dÃgame, ¿qué es lo que acabarÃa sucediendo? —exigió saber Newman. HabÃa roto el sello de la carta, pero seguÃa preguntando—. ¿Se encuentra en casa? ¿Se la puede ver?
—No creo que le esperase esta mañana —replicó la vieja doncella—. Iba a partir de inmediato.
—¿Adónde va?
—A Fleurières.
—¿A Fleurières? Pero ¿seguro que no la puedo ver?