El Americano
El Americano —Pero más le valdrÃa a la marquesa darse prisa —dijo el guÃa de Valentin.
—¡En fin, es un asunto abominable! —dijo Newman—. ¡Eso es todo lo que puedo decir! —decir al menos esto con un tono de infinito desagrado fue una necesidad irresistible.
—Ah, ¿no lo aprueba usted? —preguntó su guÃa con cortés curiosidad.
—¿Aprobarlo? —exclamó Newman—. ¡Ojalá anteayer por la noche, cuando le tenÃa ahà enfrente, le hubiese encerrado en mi cabinet de toilette!