El Americano
El Americano —¿Lo entiende? —empezó de nuevo—. En Fleurières. Puede usted descubrirlo. La señora Bread lo sabe. DÃgale que le rogué que usted se lo preguntase. Entonces dÃgaselo a ellos, y verá. Puede que le ayude. Si no, dÃgaselo a todo el mundo. Habrá de… habrá de… —aquà la voz de Valentin se hundió en el más débil de los murmullos— ¡habrá de vengarle!
Las palabras se fueron extinguiendo hasta que se convirtieron en un largo y débil quejido. Newman se puso en pie, profundamente impresionado, sin saber qué decir; el corazón le latÃa con violencia.
—Gracias —dijo al fin—. Le estoy muy agradecido.
Pero Valentin no parecÃa oÃrle; seguÃa en silencio, y su silencio continuó. Al fin, Newman fue a abrir la puerta. Monsieur le Curé volvió a entrar, portando su sagrado recipiente y seguido de los tres caballeros y del criado de Newman. Casi parecÃa una procesión.