El Americano

El Americano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se quedó consternado ante su cambio de aspecto. Pálida, cariacontecida, casi demacrada y con una especie de rigidez monástica en el atuendo, apenas guardaba en común más que sus puras facciones con la mujer cuyo radiante garbo había admirado hasta entonces. Madame de Cintré posó sus ojos sobre los de Newman y le dejó que le cogiese la mano; pero sus ojos parecían dos lluviosas lunas de otoño, y en su roce había una ominosa inanidad.

—Estuve en el funeral de su hermano —dijo Newman—. Después esperé tres días. Pero no podía esperar más.

—Nada se puede ganar ni perder con la espera —dijo madame de Cintré—. Pero ha sido muy atento por esperar, teniendo en cuenta que ha sido agraviado.

—Me alegra que piense que he sido agraviado —dijo Newman, con ese acento extrañamente jocoso con el que a menudo pronunciaba palabras de significado solemne.

—¿He de decirlo? —preguntó ella—. No creo que yo haya agraviado, seriamente, a demasiadas personas; sin duda, no de manera consciente. A usted, a quien he tratado con dureza y crueldad, el único desagravio que le puedo hacer es decir: «¡Lo sé, soy capaz de sentirlo!». ¡El desagravio es penosamente pequeño!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker