El Americano
El Americano —Se arrepintió cuando ella bajó y le puso las empulgueras. En nombre de Dios, ¿qué es lo que hace con usted?
—Nada. Nada que pueda usted entender. Y ahora que he renunciado a usted, no debo expresarle mis quejas de ella.
—¡Ése no es modo de razonar! —exclamó Newman—. Por el contrario, quéjese de ella. Cuéntemelo todo con confianza y franqueza, como deberÃa hacer, y hablaremos de ello de manera tan satisfactoria que no renunciará a mÃ.
Madame de Cintré estuvo mirando al suelo durante unos instantes, y a continuación, alzando los ojos, dijo: