El Americano
El Americano Christopher Newman cenó varias veces en la Avenue d’Iéna, y su anfitrión siempre proponÃa una clausura temprana a esta costumbre. La señora Tristram protestaba, y manifestaba que su marido agotaba todo su ingenio en intentar disgustarla.
—Ah, no, jamás lo intento, amor mÃo —respondÃa él—. Sé lo mucho que me aborreces cuando aprovecho la oportunidad.