El Americano
El Americano —Eso no importa —dijo Newman—; y, además, creo que lo sé. Es un honrado inglesito. Vino a contarle lo que se traÃa su madre entre manos: que deseaba que él, que no es una persona mercantil, me suplantase. Si se le proponÃa a usted, su madre se encargarÃa de persuadirla y darme esquinazo. Lord Deepmere no es demasiado intelectual, asà que ella tuvo que deletreárselo. Él le dijo a usted que la admiraba «infinito», y que querÃa que lo supiese; pero que no le gustaba verse mezclado en ese tipo de maniobras clandestinas, y le contó todo tipo de historias. Eso vino a ser todo, ¿no? Y después usted dijo que era completamente feliz.
—No veo por qué tenemos que hablar de lord Deepmere —dijo madame de Cintré—. No ha venido aquà para eso; y, en cuanto a mi madre, no importa lo que usted sospeche ni lo que sepa. Si he tomado una decisión, como ahora, no deberÃa discutir estas cosas. Discutir, en estos momentos, es ocioso. Hemos de procurar vivir, cada uno, como podamos. Sé que volverá a ser feliz; incluso a veces, cuando piense en mÃ. Cuando lo haga, recuerde esto: que no fue fácil, y que lo hice lo mejor que pude. Hay cosas que tengo que tener en cuenta y que usted desconoce. Me refiero a que tengo sentimientos y debo actuar según su dictado… debo hacerlo, debo hacerlo. Si no, me perseguirÃan —exclamó con vehemencia—; ¡me matarÃan!