El Americano
El Americano Newman se sentÃa como si hubiese estado leyendo a la luz de las estrellas un informe con pruebas de suma importancia para un gran caso de asesinato.
—¡Y el papel… el papel! —dijo con excitación—. ¿Qué es lo que estaba escrito?
—No puedo decirle —respondió la señora Bread—. No pude leerlo; estaba en francés.
—Pero ¿no hubo nadie que lo pudiese leer?
—No se lo pedà jamás a ningún bicho viviente.
—¿Nadie lo ha visto nunca?
—Si lo ve usted, será el primero.
Newman tomó la mano de la anciana entre las suyas y se la estrechó vigorosamente.
—Se lo agradezco muchÃsimo —exclamó—. Quiero ser el primero. ¡Quiero que sea de mi propiedad, mÃo, de nadie más! Es usted la anciana más sabia de toda Europa. Y ¿qué hizo usted con el papel? —esta información le habÃa hecho sentirse extraordinariamente fuerte—. ¡Deprisa, démelo!
La señora Bread se puso en pie con aire majestuoso.
—No es asà de sencillo, señor. Si quiere el papel, habrá de esperar.
—Pero esperar es horrible, ¿sabe usted? —la apremió Newman.
—Lo que sé es que yo he esperado; llevo esperando todos estos años —dijo la señora Bread.