El Americano

El Americano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Dónde está ese lugar… dónde está el convento? —preguntó al fin Newman, elevando la vista.

—Hay dos casas —dijo la señora Bread—. Lo averigüé; pensé que le gustaría saberlo… aunque es un pobre consuelo, creo. Una está en la Avenue de Messine; se han enterado de que madame de Cintré está allí. La otra está en la Rue de l’Enfer[32]. Es un nombre terrible; supongo que sabe usted lo que significa.

Newman se puso en pie y caminó hasta el otro extremo de la larga habitación. Cuando volvió, la señora Bread se había levantado, y estaba junto al fuego con las manos entrelazadas.

—Dígame una cosa —dijo él—. ¿Puedo acercarme a ella… aunque no la vea? ¿Puedo ver a través de un enrejado, o de algo similar, el sitio donde se encuentra?

Se dice que todas las mujeres aman a un hombre que ama, y la sensación que tenía la señora Bread de que había una armonía preestablecida que mantenía a los criados en su «sitio», constantes como los planetas en sus órbitas (y no es que la señora Bread se hubiese comparado nunca de manera consciente con un planeta), apenas sirvió para mitigar la melancolía maternal con que ladeó la cabeza y contempló a su nuevo patrón. Es probable que en ese momento se sintiese como si, cuarenta años antes, también a él le hubiese tenido entre sus brazos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker