El Americano
El Americano —¡Eso digo yo! —exclamó Newman—. Y ¿sabe ella que se ha venido usted conmigo?
—Me preguntó que adónde iba, y le mencioné su nombre —dijo la señora Bread.
—¿Qué dijo a eso?
—Me miró con dureza y se puso muy colorada. Luego me rogó que la dejase sola. Yo estaba lista para marcharme, y al cochero, que es inglés, le habÃa hecho bajar mi pobre baúl y buscarme un coche de punto. Pero cuando bajé a la verja, me la encontré cerrada. Milady le habÃa dado órdenes al portero de que no me dejase pasar, y con las mismas órdenes la mujer del portero (una vieja arpÃa) habÃa salido en un coche de punto a traer a monsieur de Bellegarde del club a casa.
Newman se dio un cachete en la rodilla.
—¡Está asustada! ¡Está asustada! —exclamó, exultante.