El Americano

El Americano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se alejó caminando a través de la ciudad, junto al Sena, y cruzándolo, tomó la dirección de la Rue de l’Enfer. El día tenía la suavidad de la primavera temprana, pero el clima era gris y húmedo. Newman se encontró en una parte de París que conocía poco; una zona de conventos y prisiones, de calles bordeadas por largos muros uniformes y recorridas por escasos transeúntes. En la intersección de dos de estas calles se alzaba la casa de las Carmelitas: un edificio monótono y sin atractivo, rodeado por un escarpado muro desnudo. Desde fuera, Newman podía ver las ventanas superiores, el empinado tejado y las chimeneas. Pero estas cosas no revelaban síntoma alguno de vida humana; el lugar parecía mudo, sordo, inane. El muro pálido, muerto y descolorido se extendía a sus pies hasta muy lejos por la calle lateral desierta; un panorama sin una sola figura humana. Newman estuvo allí mucho tiempo; no había viandantes; era libre para mirar hasta hartarse. Éste parecía ser el objetivo de su viaje; para esto había venido. Era una satisfacción extraña, y aun así era una satisfacción; la calma yerma del lugar parecía ser su propia liberación de su vano anhelo. Le decía que la mujer de intramuros estaba irrevocablemente perdida, y que los días y los años del futuro se apilarían sobre ella como la gran losa inamovible de una tumba. Estos días y años, en este lugar, serían siempre así de grises y silenciosos. De pronto, el pensamiento de que le volvieran a ver allí plantado hizo que el encanto se disipase por completo. No volvería a quedarse ahí de pie; era una melancolía gratuita. Se dio la vuelta con el corazón oprimido, pero más ligero que aquel corazón con el que había venido.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker