El Americano
El Americano —Ha sido una afortunada coincidencia —dijo—. HabÃa venido a declinar mi invitación. Ha triunfado usted en el acto, al conseguir que al cabo de tres minutos le invite a su casa.
—Ha sido usted quien ha triunfado —dijo Newman—. No debe ser demasiado exigente con ella.
La señora Tristram le miró fijamente.
—¿Qué quiere decir?
—No me pareció tan orgullosa. Más bien dirÃa que es tÃmida.
—Es usted muy sagaz. Y ¿qué opina de su rostro?
—¡Es hermoso! —dijo Newman.
—¡Eso mismo dirÃa yo! Por supuesto, irá a verla.
—¡Mañana! —exclamó Newman.
—No, mañana no; pasado mañana. Será domingo; se marcha de ParÃs el lunes. Si no la ve, al menos será un comienzo —dijo, y le dio la dirección de madame de Cintré.