El Americano

El Americano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CAPÍTULO IV

Una mañana temprano, cuando Christopher Newman aún no se había vestido, un anciano hombrecillo fue anunciado en su apartamento, seguido de un joven con blusón que llevaba un cuadro con un brillante marco. Newman, entre las distracciones de París, se había olvidado de monsieur Nioche y de su habilidosa hija, pero éste fue un eficaz recordatorio.

—Me temo que me había dado por perdido, señor —dijo el anciano tras muchas disculpas y salutaciones—. ¡Le hemos hecho esperar tantos días! Nos habrá acusado, quizá, de inconstancia, de mala fe. ¡Pero mire, por fin estoy aquí! Y mire también la bonita Madonna. Ponla en una silla, amigo mío, con buena luz, para que monsieur pueda admirarla.

Y monsieur Nioche, dirigiéndose a su acompañante, le ayudó a colocar la obra de arte.

Había sido provista de una capa de barniz de una pulgada de espesor, y su marco, de primoroso diseño, tenía como poco un pie de anchura. Resplandecía y destellaba con la luz de la mañana, y a los ojos de Newman ofrecía un aspecto maravillosamente espléndido y refinado. Se le antojó que era una compra muy afortunada, y poseerla le hizo sentirse rico. Se quedó mirándola con satisfacción mientras continuaba su aseo, y monsieur Nioche, que había despedido a su acompañante, merodeaba alrededor sonriendo y frotándose las manos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker