El Americano
El Americano —Es de una maravillosa finesse —murmuró, con voz acariciadora—. Y aquà y allá tiene toques magnÃficos; sin duda los verá, señor. Ha llamado mucho la atención en el Boulevard, mientras venÃamos. ¡Y esa gradación de tonos! Eso sà que es saber pintar. No lo digo porque sea su padre, señor; pero como hombre de buen gusto que se dirige a otro, no puedo privarme de observar que tiene usted ahà una obra exquisita. Resulta difÃcil crear cosas asà y tener que separarse de ellas. ¡Ojalá nuestros medios nos permitiesen el lujo de quedárnosla! Sinceramente le digo, señor —y monsieur Nioche soltó una risita débilmente insinuante—, sinceramente le digo que le envidio. ¿Sabe? —añadió al momento—, nos hemos tomado la libertad de ofrecerle un marco. Aumenta una pizca la valÃa de la obra, y le ahorrará la molestia (tan grande para una persona de su sensibilidad) de ir regateando por las tiendas.