El Americano
El Americano El lenguaje que hablaba monsieur Nioche era un curioso fárrago, y renuncio a intentar reproducirlo en su integridad. Parece que antaño habÃa tenido ciertos conocimientos de inglés, y su acento estaba estrambóticamente teñido del cockney de la metrópolis británica. Pero su saber se habÃa oxidado debido a la falta de uso, y su vocabulario era deficiente y caprichoso. Lo habÃa remendado con grandes parches de francés, con palabras anglicadas mediante un proceso propio y con giros nativos traducidos literalmente. El resultado, en la forma en que con toda humildad lo presentaba, apenas habrÃa resultado comprensible para el lector, asà que me he atrevido a adaptarlo y a cribarlo. Newman sólo le entendÃa a medias, pero le divertÃa, y el decoroso desamparo del anciano atraÃa sus instintos democráticos. El supuesto de una fatal caÃda en la miseria siempre ponÃa fuera de sà a su intensa benevolencia —era prácticamente lo único que lo hacÃa—, y sentÃa el impulso de borrarlo, por asà decirlo, con la esponja de su propia prosperidad. Sin embargo, el padre de mademoiselle Noémie parecÃa haber sido enérgicamente adoctrinado para esta ocasión, y manifestaba cierta avidez medrosa de cultivar oportunidades inesperadas.
—¿Cuánto le debo, pues, con el marco incluido? —preguntó Newman.