El Americano
El Americano —¿Monsieur desea comprarlo? —preguntó la joven, en francés.
—Muy bonito, splendide. Combien? —repitió el americano.
—¿A monsieur le agrada mi pequeño cuadro? Es un tema muy hermoso —dijo la joven.
—La Madonna, eso es; no soy católico, pero quiero comprarlo. Combien? Escríbalo aquí —sacó un lápiz de su bolsillo y le mostró la guarda de su guía. Ella se quedó mirándole y rascándose la barbilla con el lápiz—. ¿No está a la venta? —preguntó él. Y como la joven seguía reflexionando y mirándole con unos ojos que, a pesar de su deseo de darle a tan ávido mecenazgo el trato de una historia consabida, traicionaban una incredulidad casi conmovedora, temió haberla ofendido. La joven, simplemente, intentaba aparentar indiferencia mientras se preguntaba hasta dónde podría llegar—. No he cometido ningún error… pas insulté, ¿no? —prosiguió su interlocutor—. ¿No entiende usted un poco de inglés?