El Americano
El Americano La aptitud de la joven para improvisar un papel era sorprendente. Clavó sobre él su mirada consciente y perceptiva y le preguntó si no hablaba nada de francés. Acto seguido, dijo brevemente: «Donnez!», y cogió la guía abierta. En la esquina superior de la guarda trazó un número con una caligrafía diminuta y extremadamente delicada. Después le devolvió el libro y volvió a coger su paleta.
Nuestro amigo leyó la cifra: «2000 francos». Durante un rato no dijo nada, sino que se quedó mirando el cuadro mientras la artista empezaba a chapotear enérgicamente con la pintura.
—Tratándose de una copia, ¿no le parece mucho? —preguntó al fin—. Pas beaucoup?
La joven alzó los ojos de su paleta, le escrutó de la cabeza a los pies y encontró, con admirable sagacidad, la respuesta adecuada.
—Sí, es mucho. Pero mi copia tiene virtudes extraordinarias; no vale ni un ápice menos.
El caballero que nos ocupa no entendía nada de francés, pero ya he dicho que era inteligente, y he aquí una buena ocasión para demostrarlo. Se dio cuenta, por un instinto natural, de cuál era el significado de la frase de la joven, y le agradó pensar que fuese tan honrada. Belleza, talento, virtud; ¡lo tenía todo!