El Americano
El Americano —¿Por qué me cuenta esto? —preguntó.
—Porque me irrita que un hombre inteligente meta asà la pata. Mis cuadros son grotescos.
—Y el que yo poseo…
—Ése es bastante peor que los demás.
—Bueno —dijo Newman—, ¡en cualquier caso me gusta!
Ella le miró de refilón.
—Eso es muy amable por su parte —respondió—, pero mi deber es advertirle antes de que vaya usted más lejos. Este encargo suyo es imposible, ¿sabe? ¿Por quién me ha tomado? Es un trabajo para diez hombres. Escoge usted los seis cuadros más difÃciles del Louvre y espera que me ponga a trabajar como si fuese a hacer dobladillos para una docena de pañuelos. QuerÃa ver hasta dónde iba a llegar usted.