La Copa Dorada
La Copa Dorada —¿Lo dice con toda seriedad o animada por el deseo de hacerme caer en una trampa?
Desorientada, Charlotte preguntó:
—¿De qué trampa puede tratarse?
Él la miró con más dureza aún:
—¿Quiere decir que realmente no lo sabe?
—¿Que no sé qué?
—El defecto que tiene esa copa. ¿Es que no se ha dado cuenta?
Charlotte, mirándole con fijeza, preguntó:
—¿Y cómo ha podido usted verlo desde la calle?
—Lo vi antes de salir de la tienda. Si me salà fue debido precisamente a haberlo visto. No querÃa que usted y yo hiciéramos otra escena en presencia de ese pillo, y estimé que se darÃa cuenta de la tara usted misma. Charlotte preguntó:
—¿Considera usted que ese hombre es un pillo? Ha pedido un precio muy moderado.
Después de esperar unos instantes, añadió:
—Cinco libras. Realmente es muy poco.
El PrÃncipe, sin dejar de mirarla, dijo:
—¿Cinco libras?
—Cinco libras.
Por la actitud del PrÃncipe quizá cupiera pensar que dudaba de la veracidad de las palabras de Charlotte, pero, en realidad, el PrÃncipe solamente utilizó estas palabras para dar más énfasis a las suyas: