La Copa Dorada
La Copa Dorada —Sin embargo, mucho me temo que, por razones ignoradas, la he dejado preocupada; le pido disculpas. Nuestras conversaciones siempre se han desarrollado a la perfección, y desde el principio fueron una gran ayuda para mÃ.
Este tono fue el más eficaz que podÃa emplearse para acelerar el colapso de Fanny; se dio cuenta de que habÃa quedado a merced del PrÃncipe, y éste, al proseguir, demostró haberlo percibido claramente:
—De todas maneras, volveremos a conversar, y conversaremos mejor que nunca, ya que para mà es de suma importancia. ¿Recuerda lo que le dije un dÃa, poco antes de mi matrimonio, con tanta claridad? ¿Recuerda que le dije que al verme obligado a moverme en tan distintas direcciones, entre tantas realidades nuevas, entre tantos misterios, circunstancias, expectativas y presunciones, todo absolutamente diferente a cuanto habÃa conocido con anterioridad, me veÃa en el caso de recurrir a usted, como patrocinadora originaria, como hada madrina, que me sacara adelante?
Guardó silencio unos instantes, y añadió:
—Pues sigo considerándola igual.
Fanny se percató de que la pertinaz insistencia del PrÃncipe la habÃa sacado del apuro en que se hallaba, lo cual le permitió por fin levantar la cabeza y hablar: