La Copa Dorada

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—En realidad, todo el carácter que puede caber en una persona de su capacidad.

A continuación, Fanny explicó:

—Pero ocurría que como usted jamás atrajo la atención de los demás hacia su carácter, no tuve la ocasión de calibrarlo debidamente; además y sobre todo difícilmente hubiera podido determinar con exactitud en qué lugar llevaba el carácter o lo escondía. Sencillamente hubiera dicho que lo llevaba debajo, como aquella crucecita de plata que en cierta ocasión me mostró, con la bendición del Santo Padre, que siempre lleva oculta sobre la piel.

Dispuesta a ejercer el privilegio del ingenio, Fanny prosiguió:

—Sí, he podido echar una ojeada a esta reliquia, pero esa pequeña, preciosa y recóndita manera suya de ser, personal y áurea, que ha recibido la bendición de un poder que, creo, es superior incluso al Papa, ésa nunca ha accedido a mostrármela. Y mucho dudo que haya accedido a mostrarla a persona alguna. En términos generales, se ha comportado usted con excesiva modestia.

En sus esfuerzos para seguir el pensamiento de Fanny Assingham, Maggie casi consiguió que se le formara una rayita en la frente. Ahora, dijo:

—¿Y considera que hoy me comporto con modestia, mientras estoy aquí, chillando ante usted?


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