La Copa Dorada
La Copa Dorada —Haré cualquier cosa. Dime qué es.
—Esperar.
Y la italiana mano levantada del PrÃncipe, con el juego de sus dedos que aconsejaban, jamás hizo ademán más expresivo. El PrÃncipe bajó la voz y repitió:
—Esperar, esperar.
Maggie habÃa comprendido, pero habló como si deseara que el PrÃncipe se lo dijera explÃcitamente:
—¿A que hayan estado aquÃ, quieres decir?
—SÃ, a que se hayan ido, a que estén lejos.
Maggie insistió:
—¿A que se hayan ido de este paÃs?
En busca de mayor claridad, Maggie tenÃa la vista fija en el PrÃncipe, que parecÃa reflejar una promesa, por lo que incorporó prácticamente la promesa en su respuesta:
—Hasta que hayamos dejado de verles por todo el tiempo que Dios quiera. Hasta que estemos realmente solos.
—¡Si sólo es esto!