Las alas de la paloma
Las alas de la paloma La idea de su frivolidad tenÃa que ver sin duda con su tÃtulo, que simbolizaba —de manera aún un poco confusa para nuestra joven— su relación con un patriciado histórico, una clase que, a su vez, de forma también confusa, representaba una afinidad con un elemento social que ella siempre habÃa oÃdo calificar de «elegante». El supremo elemento social en Nueva York siempre se habÃa visto reducido a esa categorÃa, y aunque Milly era consciente de que, aplicada a la aristocracia polÃtica y territorial, la etiqueta probablemente fuese demasiado simple, de momento no tenÃa a mano ninguna otra. Cierto que enseguida enriqueció su idea con la percepción de que su interlocutor era indiferente; pero eso, a pesar de la notoria indiferencia de todas las aristocracias, no la llevó a ninguna parte, pues intuyó, en primer lugar, que se sentÃa a gusto con ella, y en segundo que estaba pensando sólo en sus propios asuntos. Si, por un lado, no la perdÃa de vista y por el otro se ocupaba de otras cosas —la prueba era el modo en que desmenuzaba el pan—, ¿por qué se cernÃa sobre ella como un noble potencialmente insolente? No habrÃa sabido cómo responder a esa pregunta, de entre las muchas que le zumbaban en la cabeza. Tal vez hubiese dicho que las complicaba el hecho de que lord Mark hubiera sabido desde el primer momento que era extranjera y norteamericana, y que se hubiera comportado como si ella y sus semejantes fuesen la base de su alimentación. Con amabilidad, pero también de manera implacable e imperturbable, habÃa actuado como si eso fuera lo más normal del mundo, y saber que habÃa visitado y recorrido su paÃs no le sirivió de ninguna ayuda. No podrÃa explicarse, excusarse o jactarse de nada: ser extranjera no la ayudarÃa ni a huir ni a imponerse; puestos a eso, lord Mark tenÃa más que enseñarle que lo que podÃa aprender de ella. Por ejemplo, por qué era tan distinta de la guapa joven, a la que no conocÃa y de la que sólo acertaba a intuir esa diferencia; o, en el peor de los casos, por qué la joven era tan distinta de ella.