Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Recuperará su dinero —afirmó con mucha amabilidad. Curiosamente, lo dijo, sin dar a entender que le pareciese vulgar o «desagradable»; y enseguida se explicó añadiendo—: Aquà nadie hace nada por nada.
—Ah, si se refiere a que la compensaremos en cuanto podamos, nada puede ser más cierto. Pero es una idealista —continuó Milly—, y creo que, a la larga, a los idealistas no les importa perder.
Dentro de los lÃmites de su entusiasmo, lord Mark encontró encantadora su respuesta.
—¿Le parece a usted que es una idealista?
—Nos ha idealizado completamente a mi amiga y a mÃ. Nos ve bajo una luz que no puede ser más favorecedora —respondió Milly—. Es mi única baza. Asà que no me prive de ella.
—No se me ocurrirÃa por nada del mundo. Pero ¿cree usted —prosiguió, como si de pronto fuese muy importante para él— que me ve a mà bajo una luz favorecedora?