Las alas de la paloma
Las alas de la paloma Milly dejó la pregunta en el aire un momento, en parte porque la joven guapa seguía atrayendo su atención y en parte porque estaba sentada tan cerca de su anfitriona que no quería dar la impresión de que hablaba de ella con demasiada ligereza. La señora Lowder, no obstante, navegaba por otros derroteros y hacía escala en los diversos asuntos como en las islas de un archipiélago, por lo que siguió sin hacerles caso, y Kate Croy se iba volviendo cada vez más interesante. Milly, de hecho, recuperó de pronto la calma al comprender que la señora Lowder lo había dispuesto todo para que lord Mark la informara sobre sus cualidades y tal vez sobre su valor. La maravillosa señora había querido que el joven no tuviera excusa para no formarse una opinión de la señorita Theale. Estaba por ver por qué su juicio tenía tanta importancia; pero esa intuición fue la que determinó la respuesta de Milly.
—No. Le conoce. Sus motivos tendrá. Ya veo que aquí se conocen todos, dentro de lo posible. Saben a lo que están acostumbrados y es eso y sólo eso lo que hace que sean como son. Pero hay cosas que desconocen.
Para hacerle justicia, lord Mark asintió como si no le faltase razón.
—¿Que desconozco… con la de molestias que me he tomado y los tumbos que he dado por el mundo para saberlo todo?