Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Pues de eso me habrá servido —se rio.
Si habÃan dejado claro que no podÃan ni querÃan tratarse, ¿por qué Milly sintió cómo se intensificaba perversamente la relación para la que la habÃan elegido a su pesar? ¿PodÃa haber una consecuencia más extraña de su distanciamiento que el hecho de que estuviesen hablando en tono casi Ãntimo? QuerÃa alejarse de él, o, más bien, alejarse de sà misma en tanto que estaba presente para él. HabÃa comprendido ya —al fin y al cabo, ella también era una criatura maravillosa— que volverÃa a verle a menudo, y que el rasgo más notable de su amistad serÃa que ella se quedarÃa al margen. PodÃan hablar de cualquier cosa, pero no de ella; y, si respetaban ese acuerdo, tal vez pudieran llegar lejos. Es posible que empezasen justo entonces, cuando Milly aludió a aquella joven tan bella. Si iba a quedarse al margen, lo mejor serÃa fijarse en otra persona. Asà que introdujo a Kate Croy en la conversación, dispuesta hasta cierto punto —pues no temÃa por ella lo más mÃnimo— a sacrificarla en caso necesario. El propio lord Mark se lo habÃa puesto fácil al afirmar un poco antes que nadie hacÃa nada por nada.