Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Pero es un secreto… Nadie debe enterarse. Tengo que ser falsa y malvada.
—Pues soy la persona indicada. —Kate sonrió—. No hay nada que me apetezca más. Hagamos algo malvado. No se puede vivir sin pecado.
Al oÃrla, los ojos de Milly se fijaron en los de su amiga.
—¡Ah! Es posible que no esté a la altura de lo que has pensado. Se trata sólo de engañar a Susan Shepherd.
—¡Ah! —respondió Kate, como si de verdad le pareciese muy poca cosa.
—Pero engañarla de verdad… en la medida en que sea posible.
—Y ¿mis habilidades pueden contribuir a engañarla? Bueno, por ti haré todo lo que esté en mi mano.