Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Si, como dices, tu tÃa ha visto frustrados sus planes por mi culpa, mi impresión es que ha continuado siendo muy amable conmigo.
—¡Oh, porque, a pesar de lo sucedido, aún puedes serle muy útil! Más que frustrarla la has acicateado. No te has dado cuenta, pero la tienes agarrada a tus faldas. Puedes hacer lo que quieras, puedes hacer cosas que a nosotros nos resultan imposibles. Eres extranjera, independiente y estás sola; no estás odiosamente emparentada con multitud de gente. —Y, mientras Milly seguÃa boquiabierta, Kate continuó diciendo cosas de lo más extraordinario—: Nosotros a ti no te servimos de nada, y más vale que lo sepas cuanto antes. Otra cosa distinta es que tú puedas sernos de utilidad. Mi consejo —sin duda, estaba dispuesta a ir hasta el final— es que te olvides de nosotros mientras estés a tiempo. Enseguida comprenderÃas que es mucho mejor. No hemos hecho nada por ti que no pudieras haber conseguido con facilidad de otro modo. No nos debes nada. El año que viene no nos necesitarás; nosotros sà te seguiremos necesitando, pero ésa no es razón para que te quedes, y no tienes por qué pagar un precio tan espantoso porque la pobre señora Stringham te haya traÃdo aquÃ. Tiene la mejor intención del mundo; está encantada con lo que ha hecho, pero no deberÃas permitir que escoja a tus amigos. Presenciarlo ha sido muy desagradable.