Las alas de la paloma

Las alas de la paloma

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Densher, después de lo que había oído, supuso lógicamente que estaba interesado por Milly, pero también lo imaginó interesado por el joven con quien había encontrado a Kate y al que observaba con gesto impasible. Dicho joven concluyó al momento que estaba haciendo lo que quería al tranquilizarle sobre las dos cosas. Kate le ayudó al exclamar:

—¡No, por Dios, no creo! Acabo de decírselo al señor Densher —añadió—, que está tan preocupado como todos. He estado calmando sus aprensiones.

—¡Ah! —volvió a decir lord Mark y, una vez más, con eso bastó. Densher comprendió, o creyó comprender que estaba dedicado a él. Luego se dirigió a Kate—: Las mías también necesitan que las calmen. Tendremos que cuidarla muy bien. ¿Se sale por aquí?

Ella lo acompañó unos pasos, y mientras Densher los observaba con atención, volvieron a detenerse a conversar. No oyó lo que se dijeron, pero Kate regresó con él enseguida; lord Mark fue con los demás.

Densher estaba ya preparado.

—¿Es el candidato de tu tía?

—Oh, sí, en todos los sentidos.

—Digo para ti.

—Y yo también —sonrió Kate—. Ahí lo tienes. Ahora puedes juzgar.

—Juzgar ¿qué?

—A él.


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