Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Sà —dijo Kate—, las personas son asÃ. Dios sabe lo que piensan de sus enemigos; pero aún es más sorprendente lo que piensan de los amigos. El estado de ánimo de Milly, no obstante —prosiguió— es providencial. Es la garantÃa de la tÃa Maud, aunque no lo reconozca del todo… y también la de Milly.
—Entonces ¿crees que no hacerle caso es una escapatoria?
Ella movió la cabeza con un delicado gesto de reproche.
—No tendrÃas que hacerme hablar demasiado. Pero me alegro.
—¿De no hablar demasiado?
—De no hacerle caso.
—¡Ah! —respondió Densher con una interjección como la de lord Mark. A lo cual añadió—: ¿Estás totalmente segura de que esa pobre chica tampoco se lo hace?
—¡Ay, ya sabes lo que opino de esa pobre chica! —HabÃa vuelto a impacientarla.
Sin embargo, él siguió ciñéndose a la cuestión.
—Supongo que no se le puede considerar uno de los duques.