Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —No, por Dios… ni mucho menos. Comparado con otros candidatos, no tiene posibilidades. Es cierto que Milly —añadió para ser exacta— no tiene sentido natural de los valores sociales, no entiende lo más mÃnimo nuestras diferencias ni sabe quién es quién o qué es qué.
—Entiendo. Por eso —se rio Densher— se ha fijado en mÃ.
—Exacto. No se parece a mà —dijo Kate—, que al menos sé lo que pierdo.
Bueno, todo habÃa adquirido un considerable interés para Densher.
—Y la tÃa Maud ¿no tendrÃa que haberse dado cuenta? Quiero decir de que tu amigo no vale nada. ¿Acaso cree que vale tanto como un duque?
—Ni muchÃsimo menos; excepto en el sentido de que es tÃo de un duque. Sin duda ya es algo. Además, es lo mejor que podemos conseguir.
—¡Ah, ah! —dijo Densher; y sus dudas no eran del todo despectivas.
—No se trata de la grandeur[35] de lord Mark —continuó ella sin prestarle atención— porque tal vez en ese sentido, ya que no tiene dinero, algo podrÃa hacerse. Pero ella no es nada sórdida; sólo cuenta con la sordidez de los demás. Además es lo bastante importante, con un duque en la familia. Lo que importa es su inteligencia.