Las alas de la paloma
Las alas de la paloma No obstante, fue como si el propio estremecimiento de aquel vÃnculo oprimiera en él, igual que cualquier felicidad extremada, el agudo resorte del miedo.
—¡Oye, no sé! ¡No… no…!
—No ¿qué?
—No me falles. Me matarÃas.
Ella lo miró un minuto sin más respuesta que la de sus ojos.
—¿Es que piensas matarme tú antes para evitarlo? —Sonrió, pero un instante después a Densher le pareció que sonreÃa entre las lágrimas; y dejó a un lado aquella cuestión concreta. Volvió a otro asunto; sus asuntos estaban tan Ãntimamente relacionados que los de Densher eran como mucho parentéticos. Aun asà tenÃa algo que añadir—: Entonces ¿has entendido lo que tienes que hacer? —le preguntó antes de que fuesen, ya iba siendo hora, con los demás. Y se aseguró de que entendiera que se referÃa a lo que tenÃa que hacer con Milly.
Densher se habÃa calmado un poco con la explicación; además le habÃa proporcionado una especie de reconocimiento. Gracias a aquella luz habÃa podido comprender parte de lo que veÃa, aunque habÃa cierta oscuridad que no se habÃa disipado desde su regreso.
—Hay algo que debes decirme sin falta. Si nuestra amiga sabe que mientras…