Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Mi querida amiga —exclamó la señora Lowder—, me da a mà que eso ya lo sabÃamos sin él. Conque… ¡si es todo lo que tiene que decirnos…!
—¡Ah! —la interrumpió la señora Stringham—, pero no lo es. Creo que sir Luke tendrá más que decir. No se librará de mà con una impertinencia. Quiere que volvamos a vernos; tuvo el detalle de pedÃrmelo. Para algo será.
—Pero ¿para qué? ¿Crees que quiere proponerte a alguien? ¿Es que no le contaste nada?
La señora Stringham respondió a sus preguntas.
—Le demostré que lo entendÃa. No pude hacer más. No creà tener la libertad de ser más explÃcita; pero me sentÃ, a pesar de lo mucho que me conmovió su visita, reconfortada por lo que me dijiste anteanoche.
—¿Por lo que te dije en el coche después de dejar a Milly con Kate?
—Te hiciste cargo en tres minutos. Y ahora que está aquÃ, ahora que lo he conocido y me he formado mi propia impresión sobre él, creo —dijo la señora Stringham— que estuviste magnÃfica.
—Pues claro que estuve magnÃfica. ¿Cuándo —preguntó Maud Manningham— no lo he estado? Pero Milly no lo estará si se casa con Merton Densher.