Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Kate cree que sÃ. Pero se equivoca. Y nadie lo sabe. —Estas palabras, claras y responsables, fueron lo que respondió la señora Lowder, pero no todo lo que respondió—. Tú no lo sabes: a eso es a lo que debes ceñirte. O más bien a negarlo de forma tajante.
—¿Que le quiere?
—Que cree que le quiere. Firme y categóricamente. Incluso que lo hayas oÃdo.
Susie consideró esa nueva obligación.
—¿Negárselo entonces a Milly… si pregunta?
—A Milly, claro. Nadie más te lo preguntará.
—Bueno —dijo la señora Stringham al cabo de un instante—, Milly no lo preguntará.
La señora Lowder dudó:
—¿Estás segura?
—SÃ, cuanto más lo pienso. Y es una suerte. Miento muy mal.