Las alas de la paloma

Las alas de la paloma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El único obstáculo para una auténtica reciprocidad con él era que parecía tan familiarizado con todas las posibilidades de uno que uno no disfrutaba de la mejoría.

—¡Oh, no! Es usted muy difícil de tratar. Le aseguro que con usted necesito recurrir a todo mi saber.

—Bueno, lo que quería decir es que he cumplido. —No se había creído lo más mínimo su respuesta, pues estaba convencida de que, si de verdad hubiese sido difícil, eso habría sido la última cosa que le habría dicho—. Hago —dijo— lo que me gusta.

—Pues eso es lo que me gusta a mí también. Pero, aunque esté haciendo tan buen tiempo, debe marcharse enseguida. —Dicho esto, cuando ella se apresuró a responder que su partida, primero al Tirol y luego a Venecia, estaba fijada para el 14, respondió con rapidez—. ¿A Venecia? Es perfecto, porque nos veremos allí. Sueño con ir en octubre, cuando confío en tener tres semanas disponibles; tres semanas en las que, si consigo estar libre, mi sobrina, una jovencita que hace de mí lo que quiere, se propone llevarme donde le apetezca. Ayer la oí decir que cree que le apetecerá Venecia.

—Es estupendo. Le esperaré allí. Y ¡cualquier cosa que, de antemano o en cualquier otro sentido, pueda hacer por usted…!

—Oh, gracias. Mi sobrina, me parece, se encargará de todo. Pero será magnífico verla allí.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker