Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Hago todo. Todo es esto mismo —sonrió—. Lo que estoy haciendo ahora mismo. Una no puede hacer más que vivir.
—Más que vivir como hay que vivir, no. Pero ¿es eso lo que hace? ¿Por qué no consulta a alguien?
Lord Mark habÃa observado la elegancia rococó como si hubiese cincuenta cosas que no pudiera ofrecerle, y aludió precisamente a la más improbable. Pero ella respondió con una sonrisa.
—He consultado al mejor. Estoy siguiendo sus consejos. Por eso le he recibido y estoy hablando con usted. Como le he dicho, una no puede hacer más que vivir.
—¡Oh, vivir! —exclamó lord Mark.
—Bueno, para mà tiene una importancia inmensa. —Hablaba por fin como para divertirse; ahora que le habÃa dicho la verdad, que él la habÃa oÃdo de sus labios como no la habÃa oÃdo nadie, su emoción se habÃa agotado. Ahà estaba; pero era como si no fuese a poder hablar jamás—. No me lo habré perdido todo.