Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¡Oh… «obligada»! —Era tan delicado y tan experto, tan sensible a cualquier cosa mÃnimamente ridÃcula, y hablar de pasión se avenÃa tan poco con él… era tanto todas esas cosas que por fuerza tenÃa que darse cuenta. Y lo hizo con el tono mismo de sus palabras, de una manera exquisita. A Milly volvió a gustarle, le gustaba por esos matices, le gustaba tanto que era una lástima ver cómo lo estropeaba, y aún más tener que incluirlo entre esos encantos menores de la existencia que a veces la dejaban sin aliento al recordar que tenÃa que renunciar a ellos—. ¿Es inconcebible que pueda intentarlo?
—¿Dejarme impresionar favorablemente por usted…?
—Creer en mÃ. Creer en mà —repitió lord Mark.
Ella volvió a dudar.
—¿Intentarlo a cambio de que lo intente usted?
—¡Oh, yo no necesito intentarlo! —declaró él enseguida.