Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —De todos modos es cierto y tanto me da que intente disimularlo. —Era como si el pobre hombre quisiera demostrarle lo poco que le importaba—. Todo el mundo sabe que el amor a menudo ve cosas en las que no repara la indiferencia. Por eso me he dado cuenta.
—¿Está seguro? —dijo la joven con una sonrisa—. CreÃa que era el amor el que era ciego.
—Ciego para los defectos, no para la belleza —respondió sin más lord Mark.
—¿Acaso le parecen bellas mis preocupaciones más Ãntimas, mis complicaciones puramente domésticas que me avergüenza haberle dejado entrever?