Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Ya lo entiendo, como tú dices —dijo Densher al cabo de un momento—. Todo encaja.
—Todo.
La palabra, por un instante, quedó suspendida en el aire, y Densher podrÃa haber tenido la sensación de estar contemplando, de manera nada vaga, su significado. Pero, de hecho, estaba pensando en otra cosa.
—Entonces ¿vais a dejarla aquà para morir?
—¡Ah!, ella cree que no morirá si te quedas. La tÃa Maud, digo.
—Y ¿eso es lo único que importa?
Kate seguÃa sin derrumbarse.
—¿No acordamos hace mucho que lo que ella crea es lo más importante para nosotros?
Él lo recordó, mientras Kate le miraba: era como si hubiese ocurrido hacÃa mucho tiempo.
—¡Oh, sÃ! No puedo negarlo. —Luego añadió—: Asà que, si me quedo…
—No será culpa nuestra —se apresuró a responder ella.
—¿No será culpa nuestra si la señora Lowder sospecha, a pesar de todo, de nosotros?
—Si sospecha de nosotros. Aunque no lo hará.
Lo dijo con una intensidad que podrÃa haberle dejado a él sin palabras, y de hecho no habrÃa sabido qué responder si no se le hubiese ocurrido decir:
—Pero ¿y si no me acepta?