Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —¿Eso es lo que le parecerá a ella?
—No se me ocurre una manera mejor de darle esa impresión.
Densher esperó.
—¿Crees posible que pueda ofrecérseme en matrimonio?
—¡No se me ocurre, si de verdad quieres saberlo, qué podrÃa no ofrecerte!
—¿Al estilo de las princesas, que hacen esas cosas?
—De cualquier modo que se te ocurra. Asà que más vale que estés preparado.
Bueno, casi parecÃa estarlo.
—En ese caso aceptaré. Pero tendrá que ser asÃ.
Kate guardó silencio como haciendo caso omiso de sus palabras, pero enseguida dijo:
—¿Me das tu palabra de honor de que te quedarás?
Su respuesta se hizo esperar, pero cuando llegó no pudo ser más clara.
—¿Dices sin ti?
—Sin nosotras.
—Y partiréis a lo sumo…
—El jueves como muy tarde.
Eran tres dÃas.