Las alas de la paloma

Las alas de la paloma

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Lo que convenía era seguirle la corriente hasta donde ella quisiera llegar; lo cual, desde el momento en que se negaba a abandonar su amado palacio, sólo era posible quedándose en Venecia. Ésa era, por supuesto, la prueba más clara: y por eso precisamente se lo había pedido Kate; tan clara que la primera tarde la propia Milly se esforzó, con exquisita turbación, en entender sus motivos. Fue como si, ahora que casi se habían quedado solos, le pidiera un nombre con el que pudieran llamar y conocer su intimidad; ya que era casi obvio que su presencia, convertida en algo distinto por la ausencia de los demás, tenía que tener alguna razón clara. Sólo quería saber cuál era esa razón y cómo la describiría él; con eso bastaría: Densher notó que incluso le habría bastado una razón puramente convencional, como que estaba esperando a que le enviasen dinero, ropa, una carta o instrucciones de Fleet Street, sin las que, como tal vez hubiese oído contar, los periodistas no pueden dar un paso. No cayó tan bajo, pero mostró, esa noche, cuando la señora Stringham los dejó solos —la señora Stringham era ciertamente prodigiosa—, un azoramiento mucho mayor que el de Milly. Había pensado que, cuando le preguntara qué hacía o fingía hacer, daría con el tono adecuado; pero hubo tres minutos en los que se sintió incapaz de responder, igual que un caballero al que le han robado la cartera se siente incapaz de comprar. Extrañamente, ni siquiera le ayudó tener la seguridad de que Kate habría hablado de algún modo en su nombre, o no tanto de algún modo como de un modo muy concreto. No le había preguntado, al final, qué le había dicho; y por nada en el mundo se lo habría preguntado después de su visita; sus labios estaban sellados y su espíritu acallado respecto a cualquier acusación contra su libertad. Tan sólo podía interpretar las probabilidades, y, cuando se marchó del palacio una hora después, lo hizo con la sensación de haber respirado, en el aire mismo, la verdad que se había esforzado en adivinar.


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