Las alas de la paloma
Las alas de la paloma De hecho, nada podÃa haber sido superficialmente más monstruoso —y Densher era muy consciente de ello— que el consuelo que encontró en ese breve perÃodo en la renuncia tácita a cualquier referencia al palacio, en no tener noticias ni pedirlas. En eso se tradujo la llegada de su visitante, incluso en los segundos de tensión que relacionaron su presencia allÃ, directa e intensamente, con el estado de Milly. HabÃa ido a decirle que la habÃa salvado; habÃa ido, como la señora Stringham, a decirle cómo podrÃa salvarse; habÃa ido, pese a la señora Stringham, a decirle que estaba condenada: los distintos arrebatos de esperanza, de temor, simultáneos a pesar de su claridad, mezclaron su identidad en un vuelco del corazón que persistió aún después de concluidos. Sencillamente, obró maravillas para él, eso era innegable, que sir Luke fuese como él habrÃa dicho, tan tranquilo.