Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Tengo la impresión —le dijo nada más verlo—, de hecho estoy segura, de que la tÃa Maud tiene intención de escribirte; y creo que más vale que lo sepas —y enseguida añadió—: para que decidas cómo responder. Ya imagino lo que te va a decir.
—Y ¿tendrás la bondad de contármelo?
Ella lo pensó un poco.
—No puedo. Lo estropearÃa. Ella sabrá explicarte su opinión mejor que nadie.
—¿Que soy un sinvergüenza; o, en todo caso, no lo bastante bueno para ti?
Estaban otra vez en sus sillas de un penique, y Kate hizo otra pausa.
—Dirás que no eres lo bastante bueno para ella.
—¡Ah!, entiendo. Y eso es necesario.
Lo planteó más como una verdad que como una pregunta; pero habÃa habido muchas verdades que uno u otro se habÃan encargado de desmentir. No obstante, en este momento Kate lo dejó y se limitó a decir poco después:
—Se ha portado de una forma de lo más sorprendente.
—Y nosotros también —declaró Densher—. Creo que hemos sido de lo más decentes.