Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Volveré.
—Entonces ¿está mejor?
—Volveré dentro de un mes —repitió sir Luke sin responder a la pregunta. Le habÃa soltado la mano a Densher, pero aun asà siguió reteniéndolo—. Tengo un mensaje para usted de la señorita Theale —dijo como si no hubiesen hablado de ella—: Me ha encargado que le pida de su parte que vaya a verla.
La mirada de Densher delató la violencia con que habÃa descartado su anterior suposición.
—¿Es ella quien lo pide?
Sir Luke estaba ya dentro del vagón, cuya puerta habÃa cerrado el factor; pero volvió a hablarle desde la ventanilla, un poco inclinado, aunque sin asomarse.
—Me dijo que le gustarÃa y, como esperaba verle a usted aquÃ, le prometà que se lo harÃa saber.
Densher le escuchó desde el andén, pero sus palabras hicieron que se ruborizase igual que lo habÃan hecho las de la señora Stringham. Se quedó igual de desconcertado.
—¿Es que puede recibir…?
—Puede recibirle a usted.
—Y usted ¿va a volver…?
—¡Oh!, no me queda otro remedio. Ella no debe moverse. Tiene que quedarse. Yo vendré a verla.