Las alas de la paloma
Las alas de la paloma —Exacto. —Se sintió maravillosamente—. No podÃa hacer menos. Me mandó llamar, fui a verla, y esa misma noche dejé Venecia.
Su compañera esperó.
—¿No habrÃa sido ésa tu oportunidad?
—¿De refutar la historia de lord Mark? No, ni aunque hubiese querido hacerlo delante de ella. Además ¿qué importancia tenÃa? Se estaba muriendo.
—Bueno —insistió Kate—, y ¿por qué no precisamente porque se estaba muriendo? —No obstante continuó siendo discreta—. Aunque, claro, al verla, tuviste ocasión de juzgarlo.
—Pues claro que al verla tuve ocasión de juzgarlo. ¡Te aseguro que la vi! Además, si hubiese renegado de ti —dijo Densher sin apartar los ojos de ella—, habrÃa actuado en consecuencia.
Ella observó un instante la intención de su rostro.
—¿Insinúas que para convencerla habrÃas insistido o habrÃas demostrado de algún modo…?
—¡Digo que para convencerte a ti habrÃa insistido o demostrado de algún modo…!
Por un momento Kate pareció perpleja.
—Para convencerme ¿a m�
—En esas condiciones, no habrÃa renegado de ti sólo para desdecirme después.
Entonces ella lo entendió y se ruborizó.